LA GENTE QUIERE SABER
Corregir el rumbo
La actividad constante y cotidiana normalmente hace que
perdamos de vista como vamos, la preocupación por resolver problemas y tomar
decisiones no nos da tiempo para mirar con perspectiva nuestro propio trabajo.
Se hace difícil ser juez y parte, por lo que resulta vital
contar con quien nos acompañe y ayude a ver en qué punto estamos, como podemos
mejorar o ajustar las cosas para alcanzar los objetivos propuestos. Toda persona que trabaje con gente a cargo
tiene como una de sus principales responsabilidades hablar y hacer comentarios críticos
(en un sentido amplio y positivo) sobre el avance de cada integrante de su
equipo.
A veces pensamos que conducir un equipo se limita a dar
indicaciones, marcar errores, corregir o estar encima de la gente todo el
tiempo o sencillamente repetir una y otra vez lo que debe hacerse. Para
facilitar la corrección del rumbo no ayuda el ser duro sino hacernos entender,
y sobre todas las cosas que cada uno sea plenamente consciente de cómo va con
sus responsabilidades y tareas.
Sin embargo no se puede ayudar a corregir algo que no está
bien claro, y ese rumbo del que hablamos deben ser objetivos conocidos, concretos
y acordados con la gente sobre su propio trabajo. El primer problema con que
tropezamos es que no se define claramente que implica hacer bien el trabajo y
sobre qué resultados se evalúa a cada persona en su papel. Todo el detalle que
hagamos y el tiempo que dediquemos a dejar esto bien claro es terreno ganado.
Ayuda y mucho saber dónde estamos parados y qué se espera de
cada uno, sobre todo a la nueva generación que vive extremadamente inquieta por
su propio progreso. Esa demanda es legítima y el no cubrirla como responsables implica
para ellos un desinterés que frecuentemente los hace buscar otro lugar para
trabajar. En estos casos vemos como nunca que no todo es plata y que la
motivación por aprender y mejorar resulta clave en muchas personas.
Como hacerlo
amigablemente, condiciones
Aquí la manera de encararlo es decisiva ya que el gran
enemigo de la comunicación es la idea que los comentarios nos atacan y debemos defendernos
de ellos. Se confunde el hecho de tener que marcar cosas a mejorar con la
calificación u opinión de la persona. El orgullo y el amor propio herido juegan
un papel que echa por tierra las mejores intenciones.
Debe quedar claro que la devolución y los comentarios son
básicamente para que esa persona alcance SUS OBJETIVOS y no tanto para que nos
den la razón. A los seres humanos nos cuesta recibir comentarios sobre nuestro
comportamiento. Ante todo debe existir un querer recibir ayuda y un ambiente
que lo facilite.
Las buenas preguntas son esenciales, ya que con ellas
abriremos puertas que no podremos hacerlo desde las afirmaciones. Es indispensable
que la otra persona nos de la autoridad para tratar estos temas, de lo
contrario sencillamente asentirá con la cabeza pero no participara ni nos
escuchara.
Este trabajo concreto no se improvisa por lo que hay que
prepararse, y eso significa conocer los objetivos de quien vamos a abordar, su
manera de ser y ver la realidad, sus temores y hacerle las cosas fáciles. La
conversación debe recorrer el campo de objetivos y capacidades a mejorar,
escuchando sugerencias si las hubiera antes de opinar. Contar con un perfil del
puesto o similar ayudaría a ver en perspectiva desde donde vamos a trazar
planteos de mejora, no por una ocurrencia sino por una demanda propia del tipo
de trabajo.
Hay que entender que no se trata de dar explicaciones o que
se busquen excusas por lo que no se hizo o se falló sino explorar formas de
mejorar, centrándonos en todo lo bueno ya hecho, y siempre en el campo de lo
posible.
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