lunes, 16 de septiembre de 2013

LA GENTE QUIERE SABER
En la práctica las personas necesitamos saber cómo vamos con nuestro trabajo, que evaluación hacen de nuestro aporte a la empresa 

Corregir el rumbo
La actividad constante y cotidiana normalmente hace que perdamos de vista como vamos, la preocupación por resolver problemas y tomar decisiones no nos da tiempo para mirar con perspectiva nuestro propio trabajo.
Se hace difícil ser juez y parte, por lo que resulta vital contar con quien nos acompañe y ayude a ver en qué punto estamos, como podemos mejorar o ajustar las cosas para alcanzar los objetivos propuestos.  Toda persona que trabaje con gente a cargo tiene como una de sus principales responsabilidades hablar y hacer comentarios críticos (en un sentido amplio y positivo) sobre el avance de cada integrante de su equipo.
A veces pensamos que conducir un equipo se limita a dar indicaciones, marcar errores, corregir o estar encima de la gente todo el tiempo o sencillamente repetir una y otra vez lo que debe hacerse. Para facilitar la corrección del rumbo no ayuda el ser duro sino hacernos entender, y sobre todas las cosas que cada uno sea plenamente consciente de cómo va con sus responsabilidades y tareas.
Sin embargo no se puede ayudar a corregir algo que no está bien claro, y ese rumbo del que hablamos deben ser objetivos conocidos, concretos y acordados con la gente sobre su propio trabajo. El primer problema con que tropezamos es que no se define claramente que implica hacer bien el trabajo y sobre qué resultados se evalúa a cada persona en su papel. Todo el detalle que hagamos y el tiempo que dediquemos a dejar esto bien claro es terreno ganado.
Ayuda y mucho saber dónde estamos parados y qué se espera de cada uno, sobre todo a la nueva generación que vive extremadamente inquieta por su propio progreso. Esa demanda es legítima y el no cubrirla como responsables implica para ellos un desinterés que frecuentemente los hace buscar otro lugar para trabajar. En estos casos vemos como nunca que no todo es plata y que la motivación por aprender y mejorar resulta clave en muchas personas.
Como hacerlo amigablemente, condiciones
Aquí la manera de encararlo es decisiva ya que el gran enemigo de la comunicación es la idea que los comentarios nos atacan y debemos defendernos de ellos. Se confunde el hecho de tener que marcar cosas a mejorar con la calificación u opinión de la persona. El orgullo y el amor propio herido juegan un papel que echa por tierra las mejores intenciones.
Debe quedar claro que la devolución y los comentarios son básicamente para que esa persona alcance SUS OBJETIVOS y no tanto para que nos den la razón. A los seres humanos nos cuesta recibir comentarios sobre nuestro comportamiento. Ante todo debe existir un querer recibir ayuda y un ambiente que lo facilite.
Las buenas preguntas son esenciales, ya que con ellas abriremos puertas que no podremos hacerlo desde las afirmaciones. Es indispensable que la otra persona nos de la autoridad para tratar estos temas, de lo contrario sencillamente asentirá con la cabeza pero no participara ni nos escuchara.
Este trabajo concreto no se improvisa por lo que hay que prepararse, y eso significa conocer los objetivos de quien vamos a abordar, su manera de ser y ver la realidad, sus temores y hacerle las cosas fáciles. La conversación debe recorrer el campo de objetivos y capacidades a mejorar, escuchando sugerencias si las hubiera antes de opinar. Contar con un perfil del puesto o similar ayudaría a ver en perspectiva desde donde vamos a trazar planteos de mejora, no por una ocurrencia sino por una demanda propia del tipo de trabajo.
Hay que entender que no se trata de dar explicaciones o que se busquen excusas por lo que no se hizo o se falló sino explorar formas de mejorar, centrándonos en todo lo bueno ya hecho, y siempre en el campo de lo posible.

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