¿CUMPLIMIENTO O CUMPLO Y MIENTO?
DEL DEBER AL QUERER
Las
empresas que progresan con su gente son capaces de pasar del deber al querer,
de imponer las cosas a conquistar la libre voluntad de su personal
A veces pueden asaltarnos dudas
acerca del compromiso que demuestra nuestro equipo de gente, o también puede
que sea un tema de permanente preocupación. Por mi parte en referencia al
personal suelo escuchar un lamento expresado en palabras como “no se ponen la camiseta, todo les da
igual, no hay responsabilidad”. Son expresiones que no tienen respuesta y están
más cerca de un dilema sin solución que otra cosa. Solo hacen posible que nos
descarguemos por un rato pero no contribuyen a construir nada diferente.
Debo confesar sin embargo que
en muchos casos estas observaciones son estrictamente ciertas, ya que en no
pocas empresas la gente actúa haciendo como que hace cosas, pero no llega a
superar mas que lo mínimo exigible. Permítanme este juego de palabras (hacer
que hacen) para describir lo que suelo llamar el estilo del “cumplimiento”, que
en realidad para entenderse debe expresarse por separado como: “cumplo y miento”.
Este comentario mío en medio de alguna charla siempre
despierta sonrisas porque todos saben de qué hablamos cuando lo decimos, qué
significa el hacer que se hace, cumpliendo con lo mínimo indispensable para no
quedar en evidencia, solo por obligación.
Cuando las personas hacen sólo
porque deben
Cuando las personas solo hacen
las cosas porque deben y no hay nada más por detrás es complicado diferenciar
el límite entre el deber y el querer. Suele dar la impresión que se está representando una
obra de teatro donde los actores actúan en apariencia bien, como se espera de
ellos, pero solo mientras son observados o controlados. Así entonces cuando no
hay nadie mirando cada cual hace la suya, trata de pasar desapercibido y saca
el hombro. Esta es una obra en la cual los actores de ninguna manera se sienten
atraídos a poner algo más que lo indispensable.
Esta lógica del puro deber no es
suficiente cuando pretendemos alcanzar nuevas metas, superarnos y ser
ambiciosos en los proyectos. En este plano las personas nos responderán
aparentemente bien, no encontraremos nada que objetarles, pero sin embargo no
pondrán de su parte ese plus que necesitamos. Es la viva imagen del trabajo “a reglamento”.
Conquistar la voluntad
La diferencia de la que
hablamos esta centrada en la voluntad de cada uno, que hace posible pasar del
querer más allá del deber. Esto que depende directamente de la libertad
personal no se impone sino que se conquista. Si no somos atractivos como
empresa y disponemos de desafíos que nuestra gente acepte nunca alcanzaremos
ese otro plano de actuación.
Si todo se limita a un “toma y
daca” la relación será correcta pero no pasará de allí, tendremos una mera
relación contractual. En la medida que no exploremos sobre las expectativas de
fondo de las personas con que trabajamos no seremos capaces de ofrecerles algo
de interés.
A las empresas que sostienen la
lógica del cumplimiento no necesariamente les va mal o se funden, solo se
sostienen y duran, mientras la actividad sigue adelante. Sin embargo cuando
sobrevienen las crisis o se hace necesario apelar al compromiso o lealtad para
encarar obstáculos poco habituales resulta muy complicado. El trabajo a
reglamento no alcanza en estas circunstancias
Ambiente y respuesta de la gente
Ambiente y respuesta de la gente
El origen de este tipo de comportamientos
se cultiva en ambientes con una cierta incapacidad para abrir el juego,
arriesgar y permitir que la iniciativa salga a flote, aun sabiendo que podemos
cometer errores. Si la política es castigar el error muy duro, en lugar de
sostener la excelencia vamos camino a la hipocresía donde el que hace menos
gana. Como decía un viejo encargado a su equipo “denle para adelante, tomen la iniciativa pero mucho cuidado con hacer
macanas…..”
Dave Urich solía repetir “duro con el problema y suave con la
persona”, cosa que veo muy aplicable en este caso. No se trata de encontrar
culpables sino de detectar problemas. Obviamente existen responsables, pero
nadie disfruta de ser culpable de nada. Cuando se buscan culpables nunca
aparecen, todos ven la forma de escabullirse y poner cara de póker!!!
Así se va gestando ese
escenario arriba descripto en el que la gente “hace que hace” de la que es
complicado escapar.
Mostrar una actitud diferente, en la
que incluso seamos nosotros los que demos el ejemplo de reconocer errores
estimula a las personas a mirar en otra dirección. Vencer la desconfianza es un
camino largo de recorrer pero es el único posible si queremos un ambiente
diferente, más transparente, más honesto y leal. Un ambiente donde las cosas se
llamen por su nombre, capaz de reparar los errores con visión constructiva.
Estos son los ambientes en los que las personas y los equipos verdaderamente se
ponen la camiseta.