miércoles, 1 de agosto de 2012

LAS RESPUESTAS DE LA GENTE


¿CUMPLIMIENTO O CUMPLO Y MIENTO?

DEL DEBER AL QUERER

Las empresas que progresan con su gente son capaces de pasar del deber al querer, de imponer las cosas a conquistar la libre voluntad de su personal

A veces pueden asaltarnos dudas acerca del compromiso que demuestra nuestro equipo de gente, o también puede que sea un tema de permanente preocupación. Por mi parte en referencia al personal suelo escuchar un lamento expresado en palabras como “no se ponen la camiseta, todo les da igual, no hay responsabilidad”. Son expresiones que no tienen respuesta y están más cerca de un dilema sin solución que otra cosa. Solo hacen posible que nos descarguemos por un rato pero no contribuyen a construir nada diferente.
Debo confesar sin embargo que en muchos casos estas observaciones son estrictamente ciertas, ya que en no pocas empresas la gente actúa haciendo como que hace cosas, pero no llega a superar mas que lo mínimo exigible. Permítanme este juego de palabras (hacer que hacen) para describir lo que suelo llamar el estilo del “cumplimiento”, que en realidad para entenderse debe expresarse por separado como:  “cumplo y miento”.
Este comentario mío en medio de alguna charla siempre despierta sonrisas porque todos saben de qué hablamos cuando lo decimos, qué significa el hacer que se hace, cumpliendo con lo mínimo indispensable para no quedar en evidencia, solo por obligación.

Cuando las personas hacen sólo porque deben
Cuando las personas solo hacen las cosas porque deben y no hay nada más por detrás es complicado diferenciar el límite entre el deber y el querer. Suele dar  la impresión que se está representando una obra de teatro donde los actores actúan en apariencia bien, como se espera de ellos, pero solo mientras son observados o controlados. Así entonces cuando no hay nadie mirando cada cual hace la suya, trata de pasar desapercibido y saca el hombro. Esta es una obra en la cual los actores de ninguna manera se sienten atraídos a poner algo más que lo indispensable.
Esta lógica del puro deber no es suficiente cuando pretendemos alcanzar nuevas metas, superarnos y ser ambiciosos en los proyectos. En este plano las personas nos responderán aparentemente bien, no encontraremos nada que objetarles, pero sin embargo no pondrán de su parte ese plus que necesitamos. Es la viva imagen del trabajo “a reglamento”.

Conquistar la voluntad
La diferencia de la que hablamos esta centrada en la voluntad de cada uno, que hace posible pasar del querer más allá del deber. Esto que depende directamente de la libertad personal no se impone sino que se conquista. Si no somos atractivos como empresa y disponemos de desafíos que nuestra gente acepte nunca alcanzaremos ese otro plano de actuación.
Si todo se limita a un “toma y daca” la relación será correcta pero no pasará de allí, tendremos una mera relación contractual. En la medida que no exploremos sobre las expectativas de fondo de las personas con que trabajamos no seremos capaces de ofrecerles algo de interés.
A las empresas que sostienen la lógica del cumplimiento no necesariamente les va mal o se funden, solo se sostienen y duran, mientras la actividad sigue adelante. Sin embargo cuando sobrevienen las crisis o se hace necesario apelar al compromiso o lealtad para encarar obstáculos poco habituales resulta muy complicado. El trabajo a reglamento no alcanza en estas circunstancias

Ambiente y respuesta de la gente
El origen de este tipo de comportamientos se cultiva en ambientes con una cierta incapacidad para abrir el juego, arriesgar y permitir que la iniciativa salga a flote, aun sabiendo que podemos cometer errores. Si la política es castigar el error muy duro, en lugar de sostener la excelencia vamos camino a la hipocresía donde el que hace menos gana. Como decía un viejo encargado a su equipo “denle para adelante, tomen la iniciativa pero mucho cuidado con hacer macanas…..”
Dave Urich solía repetir “duro con el problema y suave con la persona”, cosa que veo muy aplicable en este caso. No se trata de encontrar culpables sino de detectar problemas. Obviamente existen responsables, pero nadie disfruta de ser culpable de nada. Cuando se buscan culpables nunca aparecen, todos ven la forma de escabullirse y poner cara de póker!!!
Así se va gestando ese escenario arriba descripto en el que la gente “hace que hace” de la que es complicado escapar.
Mostrar una actitud diferente, en la que incluso seamos nosotros los que demos el ejemplo de reconocer errores estimula a las personas a mirar en otra dirección. Vencer la desconfianza es un camino largo de recorrer pero es el único posible si queremos un ambiente diferente, más transparente, más honesto y leal. Un ambiente donde las cosas se llamen por su nombre, capaz de reparar los errores con visión constructiva. Estos son los ambientes en los que las personas y los equipos verdaderamente se ponen la camiseta. 

TODO CAMBIA, TAMBIEN LA GESTION DE PERSONAS Y EQUIPOS EN EL AMBITO RURAL ¿POR DONDE EMPEZAR? Los tiempos cambian y tanto la agricultura com...