SALIR DEL DILEMA DE UNA VEZ,
LUCHAR CONTRA LA INDIFERENCIA Y LA INSATISFACCIÓN
El factor humano aunque es reconocido
siempre como fundamental cada vez que se menciona, sigue siendo materia
pendiente. Con el tiempo se ha convertido en un dilema, o sea en un problema
con soluciones siempre insatisfactorias, donde no aparecen novedades en materia
de propuestas o lo hacen muy de vez en cuando. No se encuentran cursos de acción
concretos para trabajar en resolverlo.
En síntesis, todos dicen que es
importante pero no se le dedica en la práctica el tiempo y atención que merece.
El tambo es necesariamente GENTE por
lo que cuanto mejor sea esta gente, mejores serán los resultados. Esto recae de
manera indelegable en manos de quien toma decisiones en materia de personas, selecciona,
imparte directivas, contrata o gestiona la actividad.
Necesitamos menos “culpables” y más
tiempo para discutir acerca de los “cómo”, evitando la queja que no conduce a
nada. El futuro de los tambos está centrado en el nivel de gente que la
actividad sea capaz de atraer en adelante, ni más ni menos.
En su campo, en su empresa ¿Cuáles
son las novedades? ¿Cuáles son las propuestas para resolver los obstáculos? ¿Quiénes
están pensando y haciendo en este tema? ¿Qué se puede hacer desde nuestro lugar
y a pesar del entorno?
En la perspectiva que tengamos
del sistema definimos las prioridades, a que le damos más importancia, a que le
dedicamos más tiempo y atención. Si las vacas, la alimentación, la genética, o
lo que sea (sin desmerecer su importancia) siguen siendo el único foco de atención
y dedicación de tiempo vamos mal.
Aun siendo el factor humano la
piedra basal en definitiva lo que vale en la práctica es qué importancia le
cabe en nuestras decisiones cotidianas. No es tanto lo que decimos sino lo que
hacemos. Poner a las personas en el centro de atención es la única manera de
darle una vuelta al sistema para que ellos sean motor y no lastre.
Particularmente a los jóvenes el
hecho de no ver claro los horizontes, de no sentir desafíos, les genera dudas y
hace que no se vuelquen a este tipo de trabajo. Esta cuota de insatisfacción
hoy resulta clave para desalentar a muchos.
Además de la insatisfacción
propia de trabajar en un ambiente poco atractivo con el tiempo aparece cierta
indiferencia que termina resultando nuestro peor enemigo. Hablo del peor
enemigo porque es imposible avanzar con quienes les da lo mismo lo bueno, lo
malo o lo mediocre. La indiferencia termina siendo aún peor que los conflictos,
porque pensamos (engañados) que todo está bien y no es así….
Las rutinas se cumplen, los
trabajos se hacen pero hasta lo estrictamente necesario. Un ambiente así, a
“reglamento” es lo que llamo el “cumplí-miento “que caracteriza muchas
organizaciones en las que aparentemente está todo bien, sin embargo es
improbable que se dé el verdadero compromiso. Ante situaciones como esta es
curioso pero escuchamos quejas de un lado y de otro.
Una cierta incomunicación impide
ver con claridad y ponerse en el lugar del otro. Insatisfacción mutua y
búsqueda de culpables que no conduce a nada. Un espacio donde cada quien
atiende lo suyo y trata que no se note su falta de interés.
En otras palabras un “status quo”
difícil de quebrar, acostumbrados a soportar que la vida del tambo sea
solamente sacrificada, sin visos de ilusión.
La clave está en los proyectos,
de eso hablaremos en poco tiempo más.
