Termina el año. Tiempo de balances y reflexión, eso si la
vida nos da tiempo. O mejor dicho si somos capaces de esca
Parece que cada semana se convierte en un mes, que cada mes
en un año. La vida camina rápido por estos pagos. La inercia y la convulsión
propia de la época del año aceleran de forma inaudita el ritmo vital. Épocas de
extremos y vaivenes que nos llevan a pasar de la risa al llanto, de la
esperanza a la desesperanza, muchas veces sin chances de terminar de entender el
porqué.
¿Cómo estamos? ¿Cómo nos ha ido? ¿Qué rescatamos entre tanto
ruido de noticias y titulares? ¿Qué podemos aprovechar de tanta energía gastada
en resolver más problemas de los que imaginamos? ¿Tuvimos oportunidad de
aprender, de mejorar? ¿Qué pasos dimos en dirección al destino? ¿Lo tenemos
presente, o perdimos el rumbo en el camino?
Estas y otras cuestiones en tono de pregunta pueden ayudarnos
en el intento de llegar más a fondo en el análisis. Un análisis que deje por un
momento la productividad, la rentabilidad, el control de los procesos de
gestión. ¿Será posible que por un momento podamos permitirnos una mirada
distinta?
Al poner el foco en la gente, en nuestra gente, se abren
otros horizontes de análisis. Es no solo mirar, sino también ver. Ahondar y
descubrir el ámbito de lo humano en la empresa.
En este punto el balance suma otras dimensiones. Ya no se
trata solo de cómo nos fue en materia de resultados, sino del impacto de un año
complejo y desgastante en el capital humano. ¿Hemos ganado o hemos perdido? ¿Hemos
avanzado o retrocedido? ¿Qué saldo surge de las batallas del año?
¿La crisis o los emprendimientos nos han abierto nuevas puertas
y posibilidades? ¿Somos capaces de imaginarnos proyectos que abran espacios de
acción para nuestro equipo?
Una empresa vive o vegeta según la entidad de los proyectos
que impulsa. Sin proyectos no hay motivación, ni espacio de oportunidades para
la gente. Nos valoran por el horizonte que seamos capaces de crear y recrear,
aun en medio de crisis y complejidades infinitas.
Las personas apreciamos y anhelamos todo aquello que le dé
sentido o razón de ser a nuestros esfuerzos. El mejor remedio para la crisis y las
dificultades es una vida llena de sentido. Es eso y no otro tipo de cosas lo
que dará sustento a la lucha por mejorar y crecer.
Un año nuevo, un proyecto diferente, una mirada distinta
sobre la misma realidad, razones para entusiasmarse y llenarse de energía,
ansias de algo más.
Este es mi honesto e íntimo deseo para todas las empresas,
organizaciones y personas con las que he trabajado y me toque trabajar en el
año que comienza pronto.
Les deseo a todos 3 iniciativas que cito del académico Pedro
Nueno y que ilustra este espíritu: trabajar duro, trabajar en equipo,
comprometerse con el largo plazo. Toda una
propuesta para los tiempos por venir.
Afectuosamente, Fernando Preumayr