EMPRESAS A ESCALA HUMANA, NECESARIAS Y POSIBLES
Poner
en el centro de las organizaciones a las personas parece una propuesta
políticamente aceptable pero luego compleja de implementar. Sólo aquellos líderes
que supieron construir desde abajo de la pirámide, habilitando y escuchando,
resolviendo con su gente y no a pesar de ella, hoy pueden concluir que este
esfuerzo vale la pena. Ocuparse de la gente es una tarea vital y esencial en la
gestión de cualquier empresa.
No existen dudas acerca de la
importancia de las personas, de la gente, de los equipos de trabajo en las
empresas. Sin embargo, no todas las organizaciones ponen el foco en su capital
humano en la práctica.
Tampoco se suele encontrar
quien asegure que las personas no le importan, pero es frecuente que así
parezca si juzgamos por la manera de tratarlas o considerarlas en algunas
organizaciones.
Se puede observar que el "capital
humano" es bien visto en general, digno de ser resaltado y atendido, pero
por el contrario es difícilmente valorado con acciones y medidas que lo pongan
en el centro de la escena en las empresas.
En la actualidad un sinnúmero
de factores tales como: escasez de personal capacitado, dificultad para
la retención de gente valiosa, cambios en la mentalidad de las nuevas
generaciones que se incorporan al mundo laboral y falta de atractivo del
trabajo en el sector rural, por citar algunas, generan un estado de necesidad y
preocupación en las empresas y sus directivos.
Es evidente que la necesidad hace al cambio. Hay algo
más de conciencia sobre el tema y de la preocupación se va migrando, poco a
poco, a ocuparse del asunto. Está claro que sin gente no hay empresa y no hay
negocio o futuro posible.
Afortunadamente se ve
también, porque destacan nítidamente de la media, algunos productores y
empresarios que vienen trabajando en esto. Se puede decir que están trabajando
en esto porque ésta "realidad humana de la empresa" es también
materia de trabajo y planificación para la mejora, como cualquier otra realidad
productiva o económica de gestión.
Durante años se pensó en
estos aspectos como "problemas del personal", lo que significaba que
si se funcionaba mal con la gente contratada el problema radicaba más en ellos que
en los empleadores. Este planteo, en la mayor parte de los casos suele ser un grave
error.
Hoy parece más acertado
hablar del "factor humano" en las empresas donde el empresario, quien
dirige y toma las últimas decisiones, es quien está básicamente a la cabeza de
resolver o no la cuestión. No hay equipo de trabajo sin dirección o liderazgo,
no hay horizonte sin quien vea más lejos y vaya por delante.
Más que nunca es vital rescatar las experiencias de
aquellos que han creído en su gente, que le han dado espacio de participación y
los han escuchado. Aquellos que han sido consecuentes con su propio liderazgo y
posición para marcar un camino.
¿Qué cosas tienen en común
estos referentes? ¿Qué cosas hacen, que los distinguen del resto? ¿En
qué han acertado?
Podríamos decir que con todas
las diferencias derivadas de sus sistemas y formas de producir, las regiones de
origen, sus modelos de negocio, la idiosincrasia personal o estilos directivos,
han conseguido poner foco en su capital humano con medidas y decisiones
concretas, que permiten alcanzar calidad de vida y de trabajo para su equipo.
El denominador común se
percibe en los resultados, se palpa en el ambiente. Se respira otro clima, se
nota que hay propósitos comunes, integración, autonomía responsable y verdadero
trabajo en equipo. La trama de relaciones y vínculos permite que los
conflictos se resuelvan con el menor costo personal posible.
En otras palabras, como
asegura el texto bíblico, "por sus frutos los conoceréis" ya que la
clave se nota en los logros más que meramente en las formas.
En el fondo hay un profundo
cambio de paradigma desde el que la empresa se construye y desarrolla "de
abajo para arriba" o sea sustentada en los que arman la base de la
pirámide. Éste es el espacio donde hay posibilidad genuina de participación,
involucramiento y compromiso consecuentemente. Aquel en el cual el que opina se
hace cargo de su comentario, donde el que supervisa está para servir y
facilitarle la vida a sus compañeros.
Así el que tiene la
responsabilidad y rol de dirigir ocupa su tiempo en habilitar a la gente,
estimulando sus iniciativas. A la larga, si la empresa se construye desde abajo,
quien está arriba en jerarquía es la pieza clave de esta perspectiva de
orientación, basada en su liderazgo centrado en valores.
Esto es lo podría denominarse
"trabajar a escala humana" en las empresas. Hay ejemplos y
testimonios, es posible y absolutamente necesario. Es una nueva etapa y camino para
andar. En tanto haya necesidades humanas presentes y cambiantes habrá cosas
para hacer, situaciones que atender.
Sin duda que en el camino se
pasará por muchos grises. Si bien no es una utopía seguramente requiere de un
profundo cambio de visión personal y organizacional. El primer paso es ser
capaz de "ver claro" y de tomar como centro a la gente, su espacio y
relevancia entre todo lo que hay por resolver en las empresas. Darse
cuenta y luego hacerse cargo de esta realidad humana podrían designarse como
los pasos a seguir
Este camino llevará a los
líderes a resolver los problemas que haya que resolver, cada día, a través de de
la gente, con la gente, y no a pesar de ella. Es otra perspectiva, compleja
pero apasionante de vivir y hacer empresa.
Quizás no todos lo han
pensado así, pero cuando toca verlo y sentirlo en los ejemplos en que esto es
una realidad posible, nace la seguridad de que vale la pena Y como se sabe hay
pocas cosas en la vida que realmente valen la pena.